Privacidad y datos sobre hábitos de compra y lectura

Privacidad y datos sobre hábitos de compra y lectura Una de las principales ventajas que ha supuesto la incursión de lo digital en el mundo del libro es la capacidad para poder acceder a todo tipo de datos. Es decir, la posibilidad de conocer comportamientos, hábitos, preferencias, etc., de consumidores y lectores, tanto a través de su navegación en los procesos de búsqueda y compra como a través de la propia lectura con soportes digitales u online.

En un extenso y detallado artículo de Clifford Lynch se estudian las tecnologías emergentes actuales (algunas de las cuales ya las hemos abordado aquí) que permiten conocer esos hábitos de lectura y que se relacionan con sus implicaciones en la privacidad de los usuarios. Estas herramientas recopilan gran cantidad de datos que pueden ser usados bien o no tan bien y que no siempre se obtienen con el conocimiento del lector. No obstante, también aportan información que puede ser muy útil tanto para editoriales como para autores: qué se está leyendo, desde qué soporte, a qué horas, cómo descubren las lecturas, etc.

La monitorización tiene sobre todo dos vertientes: la puramente comercial y la de desarrollo. En ocasiones estas dos facetas se confunden. La comercial analiza los datos para venderlos a un tercero o para motivar a continuar con el consumo. Por su parte, la vertiente enfocada al desarrollo estudia la información sobre todo para perfeccionar la tecnología y los servicios, por ejemplo mejorando de un algoritmo. No obstante, la privacidad hoy es una ventaja competitiva (en cada país se rigen por unas leyes más o menos estrictas), por lo que muchas compañías buscan obtener los mayores datos posibles para aplicarlos a cualquiera de las dos vertientes mencionadas.

Antes de la digitalización, las editoriales ya disponían de diversos medios para analizar y conocer a sus clientes y a los potenciales lectores. Muchos de ellos se basaban en la demografía, la distribución geográfica, o en datos más personales como creencias religiosas, aficiones o ingresos. No obstante, con la llegada de las herramientas digitales los autores también han podido acceder a datos muy similares, más allá de las ventas, regalías, o reseñas de sus libros.

Tanto editores como autores pueden saber en tiempo real las ventas, devoluciones o pedidos que ha habido de un determinado ejemplar. Esto se puede conocer tanto a título profesional, a través de herramientas como BookScan (al margen de la tecnología propia implementada en cada editorial), como a título personal, como autor, con datos de Amazon u otra plataforma de autoedición, distribución y venta online (un registro y un ID son suficientes para comenzar a compartir datos y, a veces, ni siquiera eso es necesario).

Pero más allá de los datos de compra, hay determinadas compañías que pueden, como hemos dicho, saber qué partes de un ebook se han leído, cuánto se tarda en leer, si se ha acabado o abandonado una lectura, si se saltan páginas, si se subrayan párrafos o se hacen anotaciones, incluso qué otros lectores han subrayado un mismo párrafo. Estas opciones pueden ser útiles no sólo para las compañías, editoriales y autores, sino también en el ámbito académico, sobre todo con ediciones críticas online.

Todas estas métricas que parten de la interactividad del lector con el libro (digital) y con el texto (la lectura) suponen una importante recopilación de datos muy concretos que no siempre conoce el lector. Muchas veces, el propio servicio hace que los consumidores  se desvinculen de su privacidad, en aras del beneficio de poder, por ejemplo, encontrar nuevas lecturas, mejores recomendaciones, conocer a nuevos autores acordes a los gustos del lector, etc.

Una de las mayores fuentes de datos son las plataformas que trabajan para terceros. Es decir, aquellas que recopilan y analizan información de los consumidores y lectores para las editoriales o para otras plataformas de venta y distribución. Uno de los problemas que se plantea en este caso, según señala Lynch en su artículo, es que no siempre se sabe cuáles son los límites para la recopilación y gestión de tales datos y hasta qué punto pueden ‘dirigir’ las opciones o elecciones y los hábitos de consumo y compra de los lectores. Por eso es importante una legislación que determine qué registros son necesarios y hasta dónde se pueden usar.

Es diferente usar los datos para tomar decisiones estratégicas en una editorial (formatos, géneros, servicios) que compartirlos con terceros que los utilicen para dirigir el consumo, incluso de otros productos que no sean libros.

En este punto es donde también entran los autores, que deben comenzar a plantearse en qué términos los datos les pueden ayudar, qué plataformas gestionan de manera más nítida dichas cifras, y cuales se los proporcionarán mejor y con mayor beneficio para su conocimiento como creadores. Y, en el caso de los autores independientes, que también ejercen como productores que esperan un beneficio, dónde tienen sus obras mayor recepción, si las leen personas más jóvenes o más mayores, más mujeres que hombres, etc.

Por su parte, el lector merece saber con claridad qué datos suyos van a ser recopilados, con qué función y a cambio de qué, puesto que algunos de ellos se gestionan en su propio beneficio.

Fuente: First Monday

Imagen: © Paolese-Fotolia

 

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