La relación con los lectores beta (lectores antes de publicar)

lectores betaEn la era de la autoedición, están tomando protagonismo los llamados ‘lectores beta’. Son voluntarios que leen el borrador (o manuscrito) de un libro y dan su opinión sincera sobre lo que funciona, lo que no funciona y lo que falta. No son editores de mesa y no están buscando básicamente errores tipográficos.

Los lectores beta proporcionan un servicio de valor incalculable a los autores, porque ofrecen perspectivas únicas que el escritor no tiene y, además, son (o deben ser) parte del público objetivo de una obra. El autor, después de todo, no es un lector objetivo.

Estos lectores no profesionales (aunque hay quien opta por escoger a otros escritores) y desconocidos por el autor, leen de la manera más objetiva posible un libro antes de que sea publicado. El autor cree que lo sabe todo sobre la obra o, si es más humilde, busca encontrar respuestas. El lector, por otro lado, quiere aprender y responder a las preguntas del autor. De modo que, por ejemplo, si el lector no entiende alguna cosa del libro y se lo comunica al autor, pondrá de relieve que hay algo en el manuscrito que es muy posible que necesite mejorar.

Si una editorial, mediana a grande, tiene sus lectores de manuscritos, un autor que se autopublica también puede contar con estos lectores que van a ayudar a que la historia sea mejor antes de que llegue al gran público.

Conviene tener presentes algunos aspectos importantes en relación a los ‘lectores beta’:

 

1. Dónde encontrarlos.

Si, como autor, ya se tienen perfiles en las diferentes redes sociales con un mínimo de audiencia, es muy posible que sea fácil hallar en ellos a los potenciales lectores primeros de un libro. Sobre todo, si se tiene cierto trato con alguno de ellos (recordemos que estos medios se basan en la conversación). Si, además, se dispone de web propia, las opciones de encontrarlos serán mayores. Lo importante es saber hacer la selección y que los lectores sean afines al género o tipo de libro del autor.


2. Comunicación.

Poder establecer contacto con los lectores a través de las redes no significa que se sepa cómo hacerlo. Un medio eficaz para evitar el ruido de las redes, una vez hecha la selección, es el email.  Conviene tener en cuenta que se está tratando con personas a las que en realidad no se conoce y que nos van a hacer un favor con su tiempo y esfuerzo (hay que recordar que nunca se les va a pagar dinero por ello), por lo que es importante ser educado. No se puede exigir nada, ni esperar que hagan el trabajo por uno.

 

3. Condiciones.

Antes de pasar a enviar el manuscrito a uno de estos lectores beta, es importante dejar claras algunas condiciones, de nuevo siempre de manera cortés.

La primera es poner una fecha límite, un tiempo prudencial, explicando por qué se establece esa fecha. Y que ellos decidan si pueden asumir esos plazos.

Segundo, también es interesante tener el manuscrito en diferentes formatos -que no sea el lector el que tenga que pasarlo a uno u otro formato-. De esta forma, será él quien decida cuál le resulta más cómodo para la lectura.

Por último, es importante tener un cuestionario o plantilla. Como hacen muchas editoriales con sus lectores, conviene tener un documento base sobre el que los lectores respondan a algunos aspectos clave que se quieren analizar del libro. En otro apartado podrán poder añadir opiniones más generales sobre el manuscrito.

 

4. Resultados.

Una vez que se ha logrado reunir a algunos lectores beta, la comunicación es abierta y se tienen sus comentarios, hay que saber organizarse. Los emails, los documentos con las respuestas y sugerencias o cualquier otro método que se haya usado pueden llegar a abrumar. Antes de ponerse a leer todo enseguida, conviene dejar pasar un tiempo. Una vez que se comience, no hay que enfadarse por las malas críticas, sino aprender de ellas y valorar las aportaciones realizadas, sobre todo si se ve que son comunes en varios lectores.

Una opción es crear un documento para apuntar respuestas rápidas y ver qué comentarios coinciden entre varios lectores. También se pueden clasificar según análisis: forma, argumento, personajes, estilo, tiempo, lenguaje, etc. Cuando se disponga de toda la información ordenada es hora de pasar a hacer los cambios que se consideren necesarios en el manuscrito original.

Para concluir, hay algo que conviene tener en cuenta: no todos los lectores beta son iguales. Algunos tendrán un mayor dominio del idioma, otros del estilo, unos serán más lectores que otros, etc.  Con el tiempo se les va conociendo y se comprende el valor por igual que todos –del más experto al más amateur- tienen a la hora de contribuir a mejorar la obra con sus comentarios desde diferentes perspectivas.

 

Fuente: Erindor Press

Imagen: © Antonioguillem-Fotolia

 

Comparte:
Share on Facebook12Share on LinkedIn6Tweet about this on TwitterShare on Google+0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *